La Nube Maternal (o no)

Maternidad: una de las pocas palabras que usadas como concepto genérico se utilizan en femenino prioritariamente, aunque exista también "paternidad" y aunque cuando ya nos referimos al genérico de la descendencia nos referimos a "hijos" prioritariamente aunque exista también "hijas", por ejemplo.

 

En esa introducción ya se encuentran dos trampas que últimamente se debaten con bastante intensidad y que se acaban fundiendo en un mismo objetivo, que es mantener una concepción de nuestro propio rol y de nuestras relaciones tal y como nos ha venido dada "tradicionalmente". Sin embargo, las trampas o incoherencias resuenan contrastadas con:

1) el lenguaje está relacionado con la pragmática, con el continuo movimiento cultural y social distando mucho de ser inamovible (si no ya no nos sería útil para comunicarnos) y

2) la maternidad no es un proceso o relación que "es o no es" de una determinada manera, si no que depende de múltiples factores.

 

De esta forma, apoyarse en que tradicionalmente el lenguaje es genéricamente masculino para perpetuar su uso sería como empeñarse en seguir hablando de "vuestra merced" por tradición, cuando esa relación asimétrica de cortesía ya ha sido (en España) sustituida por otra con connotaciones algo más horizontales -aunque sea su propia contracción- como "usted", que mantiene el respeto pero no la sumisión y que no se usa en cada interacción. Esa argumentación por tanto, es una trampa que mantiene una asimetría, quedando lo masculino todavía como prioritario, como dominante en su más amplia definición.

 

En ese sentido, si la palabra maternidad queda como excepción aislada del uso prioritario del femenino en el lenguaje y el lenguaje es un reflejo de la pragmática cultural y social, ¿cómo no se va a entender el cuidado de la descendencia como algo prioritariamente de la mujer y aislado del resto de relaciones dominante y genéricamente masculinas? Es el mantenimiento de la concepción de la mujer, por el hecho de serlo, de desear ser coherente con el rol que tiene que desempeñar, que es ser madre y de serlo además socialmente sola y retirada del sistema al que hasta ese momento cuasi-pertenecía.

 

Esta concepción de la mujer-madre avalada por el lenguaje, mantiene sentimientos en algunas mujeres de obligatoriedad por ser madres, necesidad de excusarse si deciden no serlo, legitimar expresiones dirigidas a mujeres como "se te va a pasar el arroz" cosificando su cuerpo para el fin de procrear, etc. manteniendo a la mujer en ese rol de madre sacrificada, con el poderoso vehículo del miedo, en este caso a ser diferente, de perderse algo, de estar aislada... qué curiosa paradoja.

 

Y es que el miedo es la herramienta más utilizada, por efectiva, para mantener o dirigir una conducta hacia donde se desea. Y en la maternidad se hace evidente desde antes de que se produzca como hemos visto, pero también durante: desde el embarazo o sobre todo el parto.

Todas (casi) las mujeres occidentales y cada vez más en todo el mundo, dan por supuesto que el parto es la experiencia más dolorosa a la que se van a enfrentar, y entienden ese dolor como sufrimiento, exento de función. Esa idea es transmitida de mujer a mujer, de generación en generación como algo verdadero e irrenunciable, con algún matiz si acaso.

Sin embargo, decir que el dolor en ese momento tiene la función de atender al propio cuerpo, colocarlo como te pide, hacer lo que te guía y sentir que lo que estás haciendo depende de tu control... no es tan popular y así, el control pasa al sanitario en cuestión arrebatando a la mujer de su momento fisiológico y poderosamente separado de cualquiera que pueda tener un hombre.

Mucho menos popular todavía y tratado además de mito es decir que un parto puede no ser doloroso, si no de hecho acontecer el mayor orgasmo que una mujer pueda experimentar en su vida: es el mismo canal que sexualmente se utiliza con este fin, con un diámetro capaz de tocar todas las terminaciones en las que también reside el placer sexual, con las mismas hormonas que intervienen en una relación sexual, pudiendo ser aquella experiencia que dé paso a lo más esperado de ese momento (igual que un orgasmo en una relación sexual pero más profundo y desde hace más tiempo) ¿cómo se ha pasado entonces a pensar que un parto es dolor=sufrimiento?

Y es que tener esa concepción del parto implicaría que la mujer no necesita del hombre necesariamente para tener el mayor orgasmo de su vida, sería ella quien aislaría a él. También implicaría una concepción sexualizada de la madre con su bebé, algo que está incluso penado por la ley, "amén" de lo moral. Existen todavía pequeños reductos, aldeas, en las que ninguna de las mujeres con parto normal ha escapado del orgasmo y que no comprenden esta transformación del parto hacia el miedo y el dolor generacionalmente. Pero claro que aquí y hoy duele de verdad ¡y seguirá doliendo!: el dolor es cultural y social y por el momento, la apuesta parece ser hacia ese mantenimiento mediante el miedo.

 

Algo que tampoco es nuevo es la ambivalencia respecto a la maternidad: ¿maravillosa o cruel? ¿te despoja de tí misma o te completa como mujer? ¿nos engañaron como mujeres o el mensaje era socialmente claro?

Como decía al principio, dar respuesta categórica a cada una de estas preguntas sería colaborar con el mantenimiento de la concepción actual de la mujer-madre, pues la maternidad depende de muchos factores, no "es o no es" ,así podemos contemplar como uno de los factores a la sociedad que rodea a esa maternidad concreta y como otro factor a la mujer que la vivencia.

 

Respecto a la sociedad, la crianza recae prioritariamente sobre la madre apoyándose en su cuerpo distinto del hombre y ahora sí, entregándole el control (fuera de lo sanitario, por supuesto), es decir, un deber social de crianza de la mujer aislada de la propia sociedad por motivos biológicos. Estos motivos se mantienen incluso cuando lo estrictamente biológico desaparece, es decir, adopciones, destete... pero se apela al "instinto maternal", que parece exclusivo de la mujer y que sería como apelar a cualquier otro instinto ( como algo primitivo o animal) para justificar una conducta o posición respecto a lo social, cuando hemos tejido una sociedad que precisamente se jacta de ser "superior" a lo animal por tener valores consensuados que se superponen a esos instintos y los aplacan.

Mucho más acorde con esta idea sería una crianza social, compartida, no sólo por otras mujeres, si no por la sociedad. Esto implicaría modificar también las reglas, ya no sólo del lenguaje (el hombre ya no ayuda a la mujer si no que forma parte, igual que otros miembros del sistema), si no laborales (bajas más largas, más igualitarias, conciliación real y no paternalista), económicas (apoyo económico para desarrollar prioritariamente esta labor frente a la pura producción material) y pasar de un modelo individualista a otro mucho más comunitario, socialmente hablando (la crianza de nuestra descendencia es responsabilidad de todas las personas, no sólo de su madre). En el capitalismo, que es donde estamos ahora, es algo complicado y desde luego, no deseable.

 

Y respecto a la mujer, hay varias posibilidades y por consiguiente varios tipos de maternidad (o no):

Puede ser que ya hubiera anticipado estas repercusiones o posibles impactos y haya tomado la decisión de no ser madre o bien de buscar una maternidad alternativa que respete más su concepción de sí misma como mujer y de su propia maternidad.

Pero también existe la posibilidad que la mujer esté perfectamente adaptada y no haya vivenciado ningún tipo de incoherencia hasta entonces con su rol de mujer, que posiblemente no haya sido demasiado crítica los relatos de su alrededor y que haya decidido ser madre sin mayor cuestionamiento, lo que la puede llevar o bien a una ruptura con esa coherencia durante su experiencia como madre o tal vez continúe con esa perfecta adaptación a lo que le rodea y tenga una maternidad satisfactoria.

 

Cualquiera de estos casos está incluido en la sociedad anterior, de no ser así las decisiones no serían las mismas y, por tanto, existe una lógica compartida en esas decisiones y otra lógica más personal marcada por la propia experiencia y el sistema de valores de cada mujer que les lleva a esa maternidad concreta, por lo que no respetarla haciendo declaraciones desde la propia vivencia o suposición de lo propio como algo verdadero que excluye lo demás, sea la perspectiva que sea, nos lleva a seguir manteniendo a la mujer-madre, aquella cosificada y aislada de la que toda la sociedad puede opinar y señalar por su posición de asimetría dominante, estemos de acuerdo con ese estereotipo o queramos que desaparezca.

 

¡Nos vemos por la Nube!

 

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